
Al otro lado de la cima del cielo, Ricardo Montaner
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A las 9:15 de la noche mientras caminábamos a nuestros asientos por los pasillos interiores del Palacio de los Deportes, el ruido ensordecedor de un público eufórico que no dejó sillas vacías, apenas se podía escuchar la voz de Ricardo Montaner cuando interpretaba La cima del cielo, primera selección del setlist de su esperado concierto en Santo Domingo con el que cerró su portentosa gira de más de 60 conciertos de «Te echo de menos».
Cuando pudimos acomodarnos, iba cerrando su segunda canción, Será, con el que el artista sin mayores esfuerzos mantuvo de pie a la gente. Desde la segunda fila, en contrapicado, a Montaner se le aprecia físicamente imponente y mientras va entrando en calor, con el tiempo, es visualmente más grande, gracias a su voz envolvente, cristalina y en su punto.
Punto y coma era lo que se esperaba con el tercer tema, A dónde va el amor, al desesperado grito entusiasta de una fanaticada que tuvo que esperar la reprogramación del concierto como consecuencia de las torrenciales lluvias de noviembre pasado. Con El poder de tu amor, el célebre artista venezolano de 66 años de edad y prácticamente medio siglo de carrera, logró apaciguar la algarabía, que volvió por sus buenas cuando finalmente habló para saludar, agradecer y bromear con la efectividad que suele hacerlo un artista con tanto tiempo en la escena.

Estuvo vestido completamente de negro, tenis y una camisa blanca cerrada hasta el cuello, en la parte inicial. Para quienes vieron el concierto en su transmisión gratuita en streaming por las redes personales de Montaner, estaban emocional y objetivamente muy lejos de lo que se puede apreciar un concierto en directo de su estirpe. Con el segundo tiempo del setlist el aplauso revitalizó lo necesario para dar paso a piezas fundamentales de su admirable cancionero: Castillo azul, Solo con un beso y Resumiendo.
En este punto, Montaner sale del escenario y la banda asume con rigor cuando toca Conga, modo entretenimiento para no dejar caer la buena vibra. Cada generación tiene su música, y aunque la de estos días es para camaleones –parafraseando a Capote– la suya, que empezó a forjarse en los 80 y 90 a pulso de éxitos admirables, se sustenta en el tiempo: incidiendo, sobreviviendo y engrandeciendo a su creador.
Conga fue un punto y aparte. Ya en caliente, tras contar una anécdota que cambia de protagonista a partir del país donde se encuentre, el artista apela al inevitable recurso del medley que se hace rogar para poder satisfacer al público cuando la lista de éxitos se hace incontable, artísticamente difícil de administrar en las generosas dos horas de duración de su concierto. La selección fue una antología: Yo que te amé, Yo sin ti, Ojos negros, Para llorar y Quisiera. Quiso la gente que siguiera, siguiera y siguiera. Había y hay mucho más para seguir, seguir altísimo, como si todos juntos buscaran alcanzar la cima.

Nada de eso lo verás en un streaming, por más gigante que sea la pantalla. El medley engrosó las emociones, y Montaner empezó a cantar Bésame, una de las piezas en que los músicos –y hay que resaltar que el sonido estuvo súper bien– honraron la belleza rítmica y lírica de este clásico entre los clásicos. Te echo de menos, Te adoraré y Tan enamorados cerraron este segmento que empalmó con los primeros dos para darle personalidad artística a la velada.
En su última salida, para su último cambio, desde atrás del escenario –donde le preparan in situ té puro de jengibre– se le escucha a manera de introducción que debe irse para volver y que las próximas canciones supondrán el adiós, pero no una despedida. Cantó Yo no fumo, Déjame llorar, La gloria de Dios y Me va a extrañar. Cada quien cantó como si el artita le dedicara la canción a cada cual: «Me va a extrañar al despertar/ En sus paseos por el jardín/ Cuando la tarde llegue a su fin/ Me va a extrañar al suspirar/ Porque el suspiro será por mí/ Porque el vacío la hará sufrir». A la salida, quizás algunos experimentaron que estaban al otro lado de la cima del cielo, junto a Ricardo Montaner.


1 Comment
Rodolfo Báez Roríguez
La Admiración y el reconocimiento por la carrera de Ricardo Montaner, en Maracaibo, en particular, y Venezuela toda, perdura y así se mantendrá. Antes de ser reconocido como la estrella que es actualmente, este servidor conjuntamente con amigos contemporáneos, veíamos en él, un gran potencial artístico, razón que se cumplió con el tiempo y su trayectoria.
Vaya pues nuestro humilde pero sincero saludo para tan insigne Trovador, que a pesar de su trascendencia, por lo menos para mi, mantiene su Amor por Jesús, Nuestro Señor. Un merecido abrazo y que sigan las Bendiciones!!!