
¿La Constitución no se toca?
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Existen expresiones o discursos que mueren al mismo instante de su pronunciamiento, mientras que otros viven para siempre y son empleados una y otra vez como referente, porque sus contenidos son trascendentales, abordan temas y problemáticas de interés que tocan las fibras emocionales y conectan con la gente. No es simplemente una frase populista para hacerse el simpático con la audiencia.
Por ejemplo, la frase “la Constitución no se toca” parece un tanto politiquera, porque cuando se habla de reformar la Constitución en el país, los políticos expresan muchas locuciones sobre la posible transformación, supuestamente porque quieren preservar su integridad y evitar que sea usada para fines demagógicos.
A propósito de politiquería, la expresión “la Constitución no se toca”, pronunciada de forma amenazante recientemente, fue usada por primera vez para oponerse a los intentos de un compañero de partido que pretendía modificarla, con el fin de postularse por tercera ocasión a la presidencia de la República. Sin embargo, es bueno recordar que quien dijo esta expresión, siendo presidente de la República, la modificó en el año 2010 para hacerse un “saco a su medida” y, siendo presidente del Partido de la Liberación Dominicana, lo volvió a hacer en junio de 2015, transformándola esa vez con la exclusividad de zanjar diferencias personales.
Desconozco si el exmandatario haya registrado a su nombre la Carta Magna para arrogarse el derecho de exclusividad. Y ahora, cuando las autoridades actuales pretenden colocar “un candado” a la Constitución para su despolitización, fortalecer las instituciones y no dejarla atada a las aspiraciones o la voluntad del presidente de turno, asegurando y evitando los deseos de quienes aspiran a perpetuarse en el poder, algunos sectores políticos se oponen y sacan del baúl de los recuerdos la frase “la Constitución no se toca”.
Sin embargo, la propuesta del gobierno plantea dos temas fundamentales que cambiarán en la Constitución del 2015. En su artículo 171, la designación y requisitos para nombrar al Procurador General de la República buscan establecer la independencia del Ministerio Público, dándole autonomía real del Poder Ejecutivo. Otro aspecto es colocar “un candado” para eliminar cualquier posibilidad del presidente de turno de cambiar su elección y colocarse “un traje a su medida”, asegurando su escogencia cada cuatro años por voto directo y permitiendo optar por un segundo período constitucional consecutivo, sin poder postularse jamás al mismo cargo, tal y como lo establece en su artículo No. 124.
Este panorama indica que, de someterse y aprobarse esta reforma, por primera vez en el país, un proyecto de modificación constitucional no incrementa ni un ápice el poder del presidente de la República. En cambio, subraya la separación de los poderes, el fortalecimiento de la democracia y sienta las bases para que la Carta Magna no pueda ser empleada como parte de una agenda política.
Asimismo, busca ordenar la vida institucional frente a los infractores de la ley y ratificar la autoridad de los funcionarios que deben ser garantes de hacer cumplir la legislación.
Entiendo que este proyecto propuesto debe ser socializado con todos los sectores, a fin de ser conocido con tiempo antes de que los legisladores aprueben la pieza y el poder Ejecutivo promulgue su modificación, evitando con esto las preocupaciones históricas que representan para la sociedad una proposición de esta naturaleza. Existe mucha desconfianza entre los actores, la incertidumbre se adueña del pensamiento y crea falsas percepciones, desvirtuando el interés real expresado por el primer mandatario.
Finalmente, dejando de lado las motivaciones personales o institucionales sobre si cambiar o no, a nuestro entender, la Constitución dominicana debe ser tocada de raíz, pues muchos preceptos contenidos están de forma graciosa. La propuesta que hace el presidente Luis Abinader está enfocada en que el gobernante de turno no haga modificaciones antojadizas, dé mayor institucionalidad y deje su sello personal, entregando al país un verdadero y oportuno legado, que, mirándolo bien, no es malo para la democracia madura que disfrutamos los dominicanos.

