
Los desafíos electorales
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La misión de la Organización de Estados Americanos (OEA), presente como observadores de las pasadas elecciones presidencial y congresuales, estuvo muy activa y velando para no pasar por alto ningún detalle con relación al torneo electoral que convocaba a más de 8 millones de dominicanos.
Al país llegaron unos 84 observadores y especialistas de 19 nacionalidades quienes estuvieron presentes en 23 provincias del país y el Distrito Nacional, así como en tres ciudades en el exterior: Nueva York y Washington D.C., en los Estados Unidos de América, y San José de Costa Rica.
Tras los resultados y el manejo del proceso por parte del pleno del órgano rector, Junta Central Electoral (JCE), la misión ha decidido hacer un informe con los hallazgos observados.
Uno de los grandes desafíos que aún permanecen presentes en el proceso es la compra de votos, según cita el informe. Una práctica que se ha enquistado en los procesos electorales y que no sólo es usada por los partidos oficiales de turno, más bien, se ve como parte del propio sistema político electoral.
El jefe de la misión, Ernesto Frei que en ese informe también reconoció el civismo del pueblo dominicano y la labor de la JCE, resaltó que “persisten desafíos de cara a futuros comicios, incluyendo flagelos estructurales como la compra de votos”.
La actitud democrática que demostraron las distintas candidaturas al reconocer con prontitud los resultados, fueron de los elementos positivos que se han resaltado, sin embargo, lo que debería ser tomado como elemento principal de todo el informe es que aún persisten prácticas que le generan grandes daños y laceran el proceso que aún mantiene altos niveles de desinterés de algunos ciudadanos lo que provocó un alto número de abstención.
La Misión reconoce especialmente el compromiso decidido de la JCE por implementar las recomendaciones formuladas por la OEA luego de las elecciones municipales de febrero. La JCE incluso sistematizó estas recomendaciones y entregó a la Misión una respuesta detallada sobre las mejoras realizadas en las diferentes áreas. Esto constituye una buena práctica que la OEA respetuosamente insta a replicar en otros países.
Aunque no todo fue negativo, porque los dominicanos pudimos obtener resultados más ágiles y eficientes de un proceso electoral de este nivel, lo que también constituye un punto de avance que resaltar.
La realidad indica que aún hay un largo camino por recorrer en torno al compromiso que debe existir de parte no sólo de la ciudadanía que se ha mantenido apática en los últimos procesos, los partidos políticos que deben escoger candidatos que ciertamente puedan conectar con el electorado y que tengan algo más que dinero para “comprar” una posición electiva.
Y por el otro lado el rol que juegan los partidos a la hora de utilizar metodologías que sean garantistas de transparencia para la selección de los candidatos. Está claro que el método de las encuestas sólo contribuyó en agregar más caos al proceso, pese a que los partidos se pusieron de acuerdo para habilitarlo.
Todo esto también sería importante que las fuerzas políticas de nuestro país lo tomaran en cuenta como parte de los desafíos electorales que tenemos por delante, por el bien no sólo de la democracia dominicana, sino de la institucionalidad y del propio sistema de partido.

