
Y vendrán falsos profetas
Share This Article
Y vendrán falsos profetas
Jesús advierte en Mateo 7:15: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” Estos parecen ser inofensivos y benevolentes, pero tienen intenciones maliciosas. Se disfrazan para ganarse la confianza de las personas y luego las manejan a conveniencia.
La parábola bíblica sobre los “falsos profetas” se encuentra en el Nuevo Testamento, principalmente en los Evangelios y las Cartas Apostólicas. Esta enseñanza nos advierte sobre personas que se presentarán como líderes o maestros de la verdad, pero que en realidad engañarán a la gente en provecho de sus propios intereses.
Siglos pasan y los falsos profetas continúan profesando amor, eso sí, con sus garras y colmillos listos y afilados para devorar al manso rebaño. Frescas en nuestra memoria, por lo reciente y repetitivo, permanecen las muestras de amor y conmiseración de parte de nuestros políticos hacia pobres, enfermos, desempleados, y pequeños y medianos empresarios.
El amor a los pobres se mostró prometiendo en la campaña electoral la necesidad de una reforma fiscal que reduzca los precios en productos de primera necesidad, mejores hospitales y más empleos; dinamizar la economía para crear mayores oportunidades laborales; y, a las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MIPYMES), la eliminación del anticipo de impuestos, ya que este les impone:
Una carga sin haber tenido rentabilidad; quita dinamismo a las empresas y algunas terminan cerrando sus servicios; penalización irracional que destruye el emprendedurismo y frena el desarrollo; impone un cobro por lo no vendido; descapitaliza las empresas, pudiendo llevarlas a la quiebra; aumenta el desempleo y la informalidad; y establece compromisos tributarios previos a la generación de renta, por lo que muchas empresas tienen que endeudarse para cumplir con este gravamen.
Aunque la reforma fiscal propuesta por la actual gestión es imperativa para nuestra economía, que tiene una alta evasión fiscal que afecta la capacidad recaudatoria de ingresos para que el gobierno financie servicios públicos y proyectos de desarrollo, los ciudadanos y otros sectores sienten temor de que sea una “penalización” más para quienes tributan.
Temor que viene dado, además, por ser un país con una de las tasas más altas de evasión del Impuesto al Valor Agregado (IVA) de América Latina y el Caribe.
Sin embargo, pese al alto volumen de evasión fiscal, las actuales autoridades han implementado mecanismos para mejorar la recaudación y han colocado al país en ruta a consolidarse como un destino de clase mundial, con transparencia y solidez institucional, competitividad y seguridad para la inversión extranjera.
En ese sentido, para el desarrollo económico del país es preferible una reforma fiscal, ya que “no hay soluciones rápidas sobre la sostenibilidad de la deuda externa, debido a que la regla fiscal estipula ratios bajos de 40 % del PIB solo en 2035,” y es útil frenar el gasto para los mercados, debido a que tiene menor riesgo de facturación para estabilizar el compromiso asumido.
Ahora bien, ¿cuál es la actitud de esos falsos profetas cuando son emplazados a discutir una Reforma Fiscal Integral, donde podrían ver concretizadas las propuestas hechas en campaña a pobres, enfermos, desempleados, y pequeños y medianos empresarios?
En poco tiempo se desmienten a sí mismos, negándose al diálogo, consenso y concertación para, entre todos, hacer una innovación que en materia económica cuente con legitimidad, sea inclusiva socialmente, pues atienda la diversidad de intereses en conflicto y sea políticamente viable, condiciones indispensables para que exista buen clima de convivencia y poder vivir en paz.
Dado que el propósito de las transformaciones fiscales es incrementar la recaudación de ingresos, impulsar el crecimiento económico, disminuir los impuestos a empresas e inversiones, impulsar la actividad económica, dominar la disparidad, agrandar los impuestos a aquellos que pueden pagarlos, otorgar desgravaciones fiscales a los pobres y establecer reglas monetarias para limitar el crecimiento del gasto y el endeudamiento, y reducir los niveles de evasión e informalidad.
Comprendo que el temor de los falsos profetas radica en la necesidad de que esta administración, al realizar la reforma, reorganice las finanzas públicas, disminuya el gasto del Estado, mejore la eficiencia del consumo público, reduzca la evasión fiscal y alcance altos niveles de recaudación para que el gobierno disponga de recursos suficientes para atender las demandas de todos los sectores, incluyendo al ciudadano vulnerable que ha sufrido por décadas.

