
Entre el triunfo presente y el futuro
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VICTORIA.- Era previsible. El presidente Luis Abinader, hombre bueno, valiente y esforzado, encabezando la propuesta del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y organizaciones aliadas, se alzaría en los pasados comicios con una victoria incuestionable tanto en el nivel presidencial como en el congresual. La forma decente en la que ha ejercido su mandato y los empeños de honestidad, transparencia y bien hacer, le granjearon la simpatía mayoritaria del electorado. Una estirpe diferente arquea el Estado y los símbolos de modernidad y desarrollo resplandecen como un sol al mediodía. Ciertamente ha marcado un antes y un después en la política criolla contemporánea. El tramo final de su campaña, orientado a profundizar el cambio, sanar y construir, ciertamente caló en las aspiraciones de República Dominicana. Más que una esperanza, fue un eco de reafirmación de lo que tantos sabíamos: ¡Ganaría el país!… ¡La democracia! El pueblo acudió con júbilo a un concierto cívico y pacífico, sembrando una semilla de futuro. La Junta Central Electoral jugó su rol con pericia y también merece congratulaciones. El liderazgo opositor no vaciló en reconocer lo que era claro. ¡También a ellos sus méritos! Impecable, diáfano, pulcro… El triunfo colectivo se esparce en los jardines como el dócil olor de un poema…
UNIDAD.- La consigna ahora es la unidad social y política, sentimiento que nos hace una nación. El país tiene retos endógenos y exógenos, y es preciso afrontarlos de la mano. La dominicanidad empieza en la familia; trasciende a los sectores, sin importar su índole; a los partidos, no obstante su color; y luego fluye al seno de la sociedad. Convencido de que el presidente está capacitado y en disposición para administrar los destinos de la República y el proceso de reunificación social y política imperante, no albergo dudas en repetir que lo mejor está por venir. La unidad se construye trabajando, con sacrificio y mucha paciencia; escuchando y haciéndose escuchar. Así, como país, podremos coexistir en un clima de paz y prosperidad y encarar los procesos de reformas que están en el tintero, pero también los desafíos que nos esperan dentro del amplio concierto de naciones, bajo una misma bandera, un mismo escudo y un mismo lema: Dios, Patria y Libertad. La estabilidad social, política y económica, a la par de la calidez y el cariño, son nuestra materia prima como pueblo; y el respeto y la institucionalidad lo que nos hace seres civilizados. Estamos seguros de que en la administración que ha sido reelecta serán preservados, por lo que hay que darle otro espaldarazo al presidente al momento de materializar las ejecutorias pendientes…
FUTURO.- Lo propio sería hablar sobre el presente, sobre cómo apoyar la administración recién electa. Sin embargo, el primer mandatario hizo pública la intención de promover una modificación constitucional que ponga candado a la reelección, y algunas corrientes de la oposición ya vislumbran candidato. El tema impera. Y el oficialismo no debe dormirse en los laureles. Debe ir sentando las bases de una propuesta joven y carismática, con determinación, firmeza, habilidades discursivas y entereza moral probada; que genere confianza en los sectores productivos y que sea un balance entre las tendencias partidarias y las organizaciones aliadas; cuyo único interés sea el de todos y cuya única fuerza sea la compartida; y que pueda contribuir generando encuentros en todos los niveles sociales y políticos, sin constituirse en ente de poder particular. El reto es la madurez y el equilibrio. Situarse al centro en la balanza. Administrada con inteligencia, la coalición que hoy preside Luis Abinader tiene la oportunidad de permanecer varios períodos administrando el Estado, pues cuenta con el material humano, el catálogo de obras y la mentoría de un líder responsable y eficiente. Con la disposición y buena fe de todos, se puede construir un proyecto generacional que garantice la continuidad de la iniciada obra de paz y prosperidad colectivas…

