
Es insuficiente saber; hay que debatir y comunicar bien
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Ya puede ser usted experto en física cuántica, pero si no sabe contarlo bien, está peor que el que no sabe ni siquiera qué es un átomo. He ahí la valía de saber decir o comunicar las ideas, pensamientos, sentimientos y emociones y es esa también la debilidad de muchos inmersos en la política y las campañas electorales.
Dijo Pericles que el que sabe pensar, pero no expresar lo que piensa, está en el mismo nivel del que no sabe pensar. Sí, imagen y sustancia (contenido)… ¡Son fundamentales ambas!
Es sabido que informar es transmitir ideas, algo que casi todos somos capaces de hacer, sin mucha dificultad; mas comunicar implica además mover emociones. Lo más importante de la comunicación es lo que no se dice y lo que se comunica es más elocuente que cualquier cosa que se diga o haga.
Los partidos políticos se han preocupado en definir y difundir mensajes a raudales, sin detenerse en el cómo hacerse comprender y lograr la persuasión deseada. Las campañas permanentes permiten a la ciudadanía ver los pobres desempeños de ciertos protagonistas, dentro y fuera del Gobierno.
Comunicar de manera eficiente al electorado es de cimera importancia, y ¡qué bueno que nos estamos fijando en eso a través de las comparecencias públicas, en especial ahora en los debates electorales!
A veces son tan decisivos esos encuentros que rivalizan conceptos, propuestas, personalidades y filosofías, que llegan a ser temidos. Unos alegan que no van a debate porque no hace falta (para ellos, ya que se sienten seguros de ganar y no van a arriesgarse), y otros se abstienen por sentirse en desventaja o por asumir que «todo está arreglado» para que los contrarios queden mejor, pero sólo el que no tiene nada que perder puede asumir el reto sin problemas mayores.
Lo cierto es que la gran beneficiaria es la población, es un derecho de la ciudadanía, aunque de momento no sea una obligación asumida por los partidos, sí debería serlo. La gente está ávida por ver naturalidad, autenticidad, autocontrol y dominio escénico, así como notar capacidades, más allá de lo preparado y estructurado por unos consultores. «¡A ver cómo te desenvuelves!», se dice el elector acerca del candidato X.
El maestro Manuel Campo Vidal lo subrayó: «El ciudadano tiene derecho a probar quién se defiende en una crisis dialéctica. Si no lo resuelve ahí… cuando llegue a un despacho a resolver una crisis, quizá tampoco pueda».
Los debates en televisión entre candidatos tienen mucho de espectacularización, además de los planteamientos se evalúa muy bien cada detalle, sin perder de vista la comunicación no verbal. Generalmente se deciden muchas acciones para el panel, sin embargo, la espontaneidad y el manejo emocional y escénico dan mucha tela por donde cortar.
Tras la abstención en los comicios pasados, aunque los presidenciales motivan más el voto, los debates suelen influir decisivamente en esos indecisos que pueden tener en sus manos el otorgar los numeritos precisos para que gane uno u otro contendor.
Celebro el interés de la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) en la promoción de una cultura de debates electorales en el ejercicio político nacional, por lo mucho que fortalecen la democracia y favorecen la participación.
Ojalá valoremos el encuentro y exijamos cada vez más que se realicen, incluso así en las provincias, como se gesta en la actualidad.

