
«Guerra avisada no mata soldado»
Share This Article
Existen teóricos que plantean que el nivel de aprobación del Gobierno de turno tiene la capacidad de predecir la posibilidad de la reelección del presidente; sin embargo, esa popularidad del mandatario no siempre guarda relación con la victoria o derrota electoral; lo que sí determina el triunfo de quien administra el Estado y su partido político, es que germine con un liderazgo imparable y transformador capaz de romper con la hegemonía de la vieja política, consolidar su imagen ante el elector presentado y ejecutando propuestas de trabajo innovadoras, dinámica que constituya la esperanza de todos los sectores, sobre todo, los más vulnerables de la sociedad y, finalmente, tener capacidad para conectar y hacer empatía con las distintas generaciones de votantes.
Ese liderazgo que logra retener el poder, es aquel capaz de llevar programas que impulsen cambios visibles y reales para promover políticas sociales que favorecen un desarrollo sostenible, el bienestar de la colectividad, que inspire una nueva generación de jóvenes, mujeres y activistas políticos y se enfrente a una oposición que no constituya una opción real de gobierno, que no es creíble, fiable y no conquiste la confianza de los electores.
Y no es que quiera echar sal en las heridas, ni recurrir al incómodo «te lo dije». No obstante, ¡te lo dije! A finales del año pasado escribí un trabajo titulado «Manual opositor para el perfecto fracaso» y viendo los resultados de las elecciones presidenciales y congresuales 2024, es fácil constatar que fue ejecutado al pie de la letra.
En resumen, en ese entonces consideramos seis (6) aspectos que darían al traste con las intenciones de la oposición de retomar las riendas del gobierno en el actual proceso electoral: 1) Una alianza y sus dirigentes políticos que pretendían enfrentar al candidato reeleccionista con los mismos errores cometidos por anteriores presidentes del reducido Partido Revolucionario Dominicano; 2) que vivía atacando constantemente a la sociedad civil, organizaciones populares y empresariales; 3) que participó en la contienda electoral con las mismas caras –muchas de ellas- involucradas en escándalos de corrupción; 4) con dirigentes con egos en el cielo, prepotentes y con una pronunciada falta de humildad para aprender y aceptar errores del pasado; 5) voceros con alta tasa de rechazo; y 6) la dispersión o desintegración del Partido de la Liberación Dominicana.
Un aspecto fundamental que no tomamos en consideración en ese momento, ya que no estaban vencidos los plazos de alianzas, fue que los partidos asistieron a la competencia presidencial en forma separada, apostando todo a negociaciones en una improbable segunda vuelta electoral, bajo la infantil premisa de que una segunda vuelta era viable cuando existen tres fuerzas políticas en el escenario.
En esa infantil premisa del -supuesto- tripartidismo residió el gran error estratégico de los partidos opositores en estas elecciones del pasado 19 de mayo, pues después de la desaparición física de los extintos líderes políticos Dr. Joaquín Balaguer, Dr. José Francisco Peña Gómez y el profesor Juan Bosch, es utópico y hasta tonto hablar de tres fuerzas políticas importantes en el país.
Como pruebas tenemos que en ninguna de las seis últimas elecciones presidenciales del presente siglo se ha forzado a una segunda vuelta. Las consultas electorales realizadas en el período 2000-2012 fueron polarizadas por los Partidos de la Liberación Dominicana y por el Partido Revolucionario Dominicano. A raíz de la división ocurrida en el PRD y que dio vida al Partido Revolucionario Moderno, la concentración pasó a ser entre el PLD y el PRM, quedando el PRD como otro partido bisagra. Lo mismo sucedió en las elecciones de los años 2020 y 2024, en que dos fuerzas han dominado el espectro electoral.
En ese sentido, lo que se pronosticaba como una victoria segura se convirtió en una derrota aplastante para la oposición política en estas elecciones presidenciales y congresuales de 2024. Se pensaron que podrían alcanzar el poder sin propuestas creíbles, alcanzando la confianza del elector, sin ningún tipo de límites, poniendo el dinero como que todo lo puede y desarrollando grandes campañas en redes sociales y medios de comunicación que apelaron a la mentira, al engaño, la simulación, la arrogancia, la intolerancia y la exclusión.
En estos resultados electorales, dicen, se cosechó lo sembrado.

