
La moda de defender a quien delinque
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Podría ser sometido a un debate filosófico, o a un panel de expertos sociólogos para determinar el porqué los valores se han invertido tanto en la sociedad, por qué personas aparentemente honestas y de buen desempeño en su entorno defienden a otras que, evidentemente, han cometido acciones delincuenciales, justificándolos con las debilidades y las aberraciones del sistema tanto de justicia como policial dominicano. ¡Da miedo y da grima!
Es preocupante ver como en República Dominicana aumentan los casos de “intercambios de disparos”, supuestos enfrentamientos que se suscitan entre los perseguidos por agentes de la Policía Nacional, por atracos, asesinatos u otros delitos mayores, en ese contexto, una publicación de la periodista Audry Trinidad, del 06 de mayo del año 2024 ya habían muerto 30 hombres en los llamados enfrentamientos policiales, correspondientes a diversas provincias del país.
En las últimas semanas, la mayoría de los reportes de la entidad del “orden público” es un saldo de supuestos antisociales muertos en un enfrentamiento.
Este y otros comportamientos de la uniformada ha provocado que la gente pobre, clase social a la que pertenecen los asesinados, sociológicamente se incline del lado de quienes comenten las infracciones por considerar que la entidad abusa, agrede y hasta fabrica casos a algunos ciudadanos. Ambos comportamientos son letales para la paz colectiva.
La Policía Nacional es una de las entidades estatales que goza de mayor descrédito, no solo por su comportamiento antes y después de la dictadura de Trujillo, sino por la imposibilidad de someter a sus miembros a niveles de actuación apegados a las leyes y al respeto de los derechos humanos, y con ello, el fenómeno social de incremento de la delincuencia, y a sustitución de valores positivos de muchos integrantes de la sociedad, que ante los medios de comunicación justifican y defienden actuaciones de familiares, amigos o conocidos responsables de acciones delictivas graves.
Se puede tomar como muestra cualquier caso de los recientes, cuando la prensa le pregunta a un familiar o vecino de los acusados, siempre responden alegando que son personas que trabajan, o que ya han abandonado la práctica delincuencial. Ahora defender a un delincuente porque sea el amigo se ha vuelto una costumbre.

