
Reos de sus propias pesadillas
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El interés por contribuir al fortalecimiento del sistema democrático y la gobernabilidad de la República Dominicana, propone que un líder político, al ser confirmado en el poder, reflexione sobre la búsqueda del consenso y el diálogo social para la elaboración de una agenda que impulse la satisfacción de las grandes demandas de la población. En el sentido de que, sin el diálogo y la búsqueda de consensos, la democracia no es posible.
Pero si usted fue uno de los ilusos que llegó a pensar que las felicitaciones al presidente reelecto el 19 de mayo, por parte de los principales candidatos de la oposición, Abel Martínez y Leonel Fernández, marcaría el camino del entendimiento y consenso político para llevar a cabo las reformas postergadas por la desidia e intereses personales, tengo para informarle que todo fue un malentendido.
La caverna se impone a la razón y esas cabezas díscolas, de dinosaurios que aún se resisten a la extinción, podrían ganar el pulso a quienes entendían necesario viabilizar las reformas, que de una vez por todas quiten el apodo de «país en vía de desarrollo» y nos encarrilen por el sendero del progreso pleno. El contexto es que, luego del presidente Luis Abinader pactar una reunión con el líder de la Fuerza del Pueblo, una supuesta situación de salud pospuso el evento, más luego de la «mejoría» se posterga sin fecha.
La actitud del exmandatario dio un giro de 360 grados. En pocas horas la disposición a buscar el consenso se convirtió, increíblemente, en la práctica de un candidato en franca campaña electoral. Esa metamorfosis podría obedecer a dos factores, según ellos, a que el presidente busque con las reformas, por un lado, habilitarse y repostularse para permanecer en el poder más allá de lo que indica la actual Constitución y, por otro, le invade cierto temor de que la reforma fiscal afecte a «los más pobres».
Pero, a cuáles pobres se refiere: empresarios o pueblo. Al hacer un resumen histórico de los últimos 20 años, daría como resultados que el temor y recelo de los opositores a las reformas que plantea la actual Gestión (quien reiteró a pocas horas del primer boletín de la Junta Central Electoral, que no volvería a postularse al cargo) obedece más a las medidas que ellos tomaron cuando fueron Gobierno, en materia de Reformas Fiscales y modificaciones Constitucionales.
Pero quien hoy condiciona su apoyo a una eventual reforma fiscal a sí, la misma «favorece a los pobres», siendo presidente, realizó:
–Año 2004, aprobó la Ley 288-04 con la finalidad de solucionar la crisis económica.
–Año 2005, aprobó la ley 557-05 para compensar desmonte arancelario fruto de la forma del Tratado de Libre Comercio.
–Año 2006, aprobó la ley 495-06 rectificando la ley anterior 557-05, ya que los cálculos ante las pérdidas de la rebaja de los aranceles no fueron satisfactorios.
–Año 2009, para combatir los efectos de la crisis mundial y estimular recuperación económica.
–Año 2010, reforma constitucional para consagrar el principio de Estado democrático y social de Derecho como norma de convivencia pacífica y civilizada, el concepto de nacionalidad dominicana y nuevas garantías al ejercicio de los derechos fundamentales. Legitimación retórica que más que avanzar impone trabas al consenso.
–Año 2012, Ley 253-12 sobre Fortalecimiento de la Capacidad de Recaudación del Estado para la Sostenibilidad Fiscal y Desarrollo Sostenible.
Como se observa, fueron cuatro legislaciones transformadas en su mandato, como nota curiosa, la aprobada en el 2009 tuvo como excusa la crisis mundial, sin embargo, de manera vehemente se opuso a una propuesta de reforma fiscal hecha por el Gobierno ante la crisis de salud –mayor a esa– pandemia Covid-19. Su negativa se produjo en conjunto a sus aliados del PLD y PRD, sugiriendo «buscar otras alternativas».
En cuanto a las reformas fiscales, la historia nos muestra una postura tramoyista de los políticos fuera del poder. Igual actúan ante la posible reforma a la Constitución –otro pasatiempo de los opositores– al extremo de que la última modificación terminó diezmando sus fortalezas electivas internas y motivando la división del PLD en el 2019 y posterior salida del poder, un año más tarde.
Finalmente, los acuerdos, no validados por el consenso, difícilmente se sostienen en el tiempo.

