
Tras la victoria de Abinader, ¿qué sigue ahora?
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Durante gran parte de la campaña electoral recién concluida, el presidente Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) desarrollaron una estrategia que perfiló y afianzó la percepción de que el oficialismo era una fuerza invencible, capaz de obtener más del 79% de la votación en el nivel presidencial.
La mayoría de las encuestas publicadas servían de sostén a esa estrategia, pues si bien la mayoría otorgaba entre un 65% y un 54%, contribuían en la construcción de un imaginario que, de alguna manera, no solo creaba la percepción de que la reelección era invencible, sino que desmoralizaba a la oposición.
De hecho, los resultados de las elecciones municipales vinieron a ser una especie de «golpe de bolsón» que provocó la desintegración de muchos equipos de campaña, y la migración, incluso voluntaria, de dirigentes y militantes de la Fuerza del Pueblo, el PLD y el PRD. Otros se quedaron en casa; nadie pudo convencerlos de volver a salir «a mojarse los fondillos».
Ahora, tras el triunfo de Abinader y su promesa de reformas fundamentales, el escenario toma un sendero lleno de dudas, suspicacias y pronósticos de cualquier color.
Para algunos analistas, el anuncio del presidente, quien promete que no volverá a aspirar a la Presidencia, plantea el inicio, minutos después del discurso del 19 en la noche, de la campaña interna en busca de la nominación presidencial de figuras del PRM que se consideran en la línea de adentro de la pista hacia las próximas elecciones.
Dirigentes como Carolina Mejía, David Collado, Eduardo Sanz Lovatón, incluso Faride Raful, entre otros, son figuras identificables del relevo a lo interno del PRM y con un posicionamiento positivo en el mercado electoral.
Carolina y David, ambos con una altísima valoración, son dos piezas relucientes del rompecabezas de cara a un 2028 con Abinader solo como moderador del proceso.
«La soledad del poder»
Aunque este concepto puede ser considerado un mito, lo cierto es que cuando el presidente ya no tiene posibilidad de ser candidato nuevamente, muchos dirigentes y colaboradores se alejan, volando adonde haya oportunidad de alpiste.
De hecho, se corre el riesgo de perder ciertos niveles de autoridad y liderazgo. Por eso, en esta circunstancia, lo aconsejable sería que Luis Abinader asumiera la presidencia del PRM antes de los dos últimos años de su mandato, de modo que su liderazgo tenga una base de sustentación en el poder que le confiere el cargo dirigencial y pueda dirigir un proceso que por lo general es riesgoso para la unidad de los partidos.
La mejor parte de este escenario es que el presidente se desprende de una serie de ataduras que antes podrían haberle quitado ciertos niveles de independencia a la hora de tomar algunas decisiones en su Gobierno, como por ejemplo, si quisiera impulsar la inclusión de las tres causales en el nuevo Código Penal.
La oposición: se renueva o muere
El nuevo escenario plantea la necesidad de renovar el liderazgo interno en todos los partidos, incluyendo el PRM.
En el caso del PLD, Danilo Medina tiene un impedimento constitucional que impacta sus posibilidades de mantenerse al frente del partido sin el riesgo de una rebelión, y a eso hay que sumarle las derrotas sufridas en los dos últimos procesos electorales, en que sus estrategias han quedado demolidas con los resultados adversos. Esto plantea una realidad en la que lo idóneo es provocar un urgente proceso de renovación y dar cabida a un nuevo liderazgo, con una visión más acorde a estos tiempos y sin el lastre del pasado.
En el frente del PLD está Leonel Fernández y su Fuerza del Pueblo, que no ha salido tan mal de estas elecciones, tomando en cuenta el incremento en su votación que lo coloca como la segunda fuerza política y el líder de la oposición.
La victoria de Omar, su hijo, de alguna manera compensa la derrota de su candidatura, pero pareciera que se ha abierto un techo sobre la cabeza del expresidente, un techo que puede crecer en lo adelante si tomamos en cuenta el alto nivel de rechazo que le otorgan las encuestas (sobre el 35%) y los cuestionamientos de muchos dirigentes de la FP que abandonaron el partido criticando el estilo de trabajo y dirección que prevalece allí.
En ambos casos, en el PLD y la FP, obviar la necesidad de redefinir y renovar el liderazgo interno podría abrir las puertas a una mayor movilidad de su dirigencia hacia otras organizaciones y, hacia lo externo, colocar ambas fuerzas en desventaja para competir con buenas posibilidades en las venideras jornadas electorales de 2028.
Las «fuerzas minoritarias»
La irrupción de nuevas fuerzas políticas en el escenario electoral ha sumado otro elemento que no debe pasar desapercibido, pues los pasados comicios develaron que hay una nueva realidad política que empieza a tener números en el tablero.
Opción Democrática, a pesar de que no obtuvo votación suficiente para tener una representación en el Congreso Nacional, develó no solo una propuesta política distinta, sino nuevos rostros, jóvenes sobre todo, que lograron conectar, «caer bien» en la gente. José Horacio Rodríguez, Virginia Antares, Nicole Pichardo, Erick Ortiz, entre muchos otros dirigentes de esa entidad, son figuras que veremos crecer en los próximos años.
Contrario a las ideas de Opción Democrática están Generación de Servidores, liderado por Carlos Peña, dueño de un discurso ultraconservador y planteamientos alineados a la tendencia «libertaria y anarcocapitalista» inspirada en Javier Milei en Argentina, Donald Trump en Estados Unidos y Nayib Bukele en El Salvador. En la misma acera, el neotrujillista Partido Esperanza Democrática, liderado por el nieto del tirano Rafael Leonidas Trujillo, llevó a Roque Espaillat como candidato presidencial y se alzó con más del 1% de la votación.
Los otrora poderosos Partido Revolucionario Dominicano y Reformista Social Cristiano continuaron en su trayectoria descendente y alcanzaron votaciones ínfimas que los exponen al límite de la desaparición.
La coyuntura postelectoral, en voz de expertos
Roberto Rodríguez Rodríguez, analista político y experto en temas electorales
Tal como había advertido hace unas semanas en este medio, la única forma en que se podía producir una segunda vuelta era combinando dos factores de disminución del voto de la alianza de gobierno: el PRM obtener como partido menos de 44%, obtuvo 48.40% y que los veinte (20) partidos aliados marcaran menos de 6%, obtuvieron 9%.
Esa visión de concertación amplia fue fundamental para el triunfo, ya que, igual que a Hipólito Mejía en el año 2000 le faltaron cinco puntos porcentuales, esta vez al Partido Revolucionario Moderno le faltó 1,6% para ganar sin los aliados.
De cara a los próximos cuatro años de gobierno, el presidente Luis Abinader tiene los retos de la conducción de la cosa pública pero también la responsabilidad de propiciar sin traumas la transacción en un partido joven y con muchos grupos a lo interno que aspiran llegar al poder.
Felipe Vallejos, periodista, analista político y consultor en comunicación estratégica
Las elecciones de mayo fueron un trámite en términos de expectativas, precedidas y explicadas por la clara victoria del PRM en las municipales de febrero, la incapacidad de la oposición de asistir unidos a los comicios y por la tasa de rechazo que aún acarrea el PLD y la figura del doctor Leonel Fernández.
En números, el propio presidente Luis Abinader manifestaba la posibilidad de ganar con más del 60% e incluso con un 70% de los votos, altamente improbable en un sistema fragmentado en tres partidos grandes. Al final del día, comparado con el 2020, Abinader amplió su base de apoyo en poco más de 300,000 votos, de 2.1 mm a 2.5 mm, lejos de las expectativas generadas, pero de todos modos contundente y claro en su favor.
El apoyo al PRM se reflejó con la misma claridad en el Congreso Nacional. En el Senado obtuvo, entre propios y aliados, 29 senadores, y en la Cámara de Diputados más de 140 diputados, un 70% de la matrícula, es decir, control total del poder Legislativo y el camino despejado para someter las reformas que el presidente Abinader ha puesto como prioridad, empezando por la constitucional, aunque sin necesariamente tocar la tecla de la reelección.
Este escenario deja un claro ganador, un perdedor y a una cabeza como opositor. El ganador es por supuesto el PRM y el presidente Luis Abinader, quien ahora deberá remar contra la corriente de la necesaria reforma fiscal y el desgaste propio de un segundo periodo consecutivo. El perdedor es el PLD, en particular el expresidente Medina, quien en campaña sostuvo repetidamente que habría segunda vuelta por coexistir tres grandes partidos y que quien terminara tercero estaría condenado a la extinción. Precisamente su partido ha quedado en ese tercer lugar. Será entonces determinante para ellos renovar las estructuras y las caras que lideren un proceso transformador.
Por último, la Fuerza del Pueblo y los “Fernández”. Por un lado el expresidente Leonel Fernández, en un meritorio segundo lugar con poco más del 28% de los votos- 1.2 mm-, lo que lo convierte en líder de la oposición; y por el otro Omar Fernández, con una victoria simbólica por ser uno de tres senadores que tendrá FP versus los 29 del PRM y aliados, pero decisiva para su carrera política dada la proyección que consiguió el duelo contra Guillermo Moreno, aupado por todo el gobierno, y por el siempre estruendoso Vinicio Castillo.
Raniero Cassoni, polítógo, consultor político e investigador en gerencia pública
El sistema de partidos en la República Dominicana mutó. Ya no estamos en presencia de los partidos tradicionales en el ejercicio del poder. Quienes quedaron primero y segundo lugar son partidos con menos de 10 años de existencia.
La contundente victoria del PRM se refleja no en un porcentaje, sino en una mayoría absoluta garantizada en el Congreso Nacional. Y en definitiva, el sistema político ha cambiado de protagonistas principales y obliga la renovación de los partidos tradicionales.
En cambio, en estas elecciones creo que perdieron la Fuerza del Pueblo y el PLD, y perdieron porque no supieron ponerse de acuerdo en lo que debían, perdieron porque no han construido proyectos de poder más allá de figuras que están. En el PLD no hay un proyecto político per se hoy, teniendo muy buenos candidatos, muy buenos perfiles, Ariel Jiménez como ejemplo, el mismo Abel Martínez.

