
Una Venezuela sin injerencia
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El derecho a la libre determinación de los pueblos es la facultad que tienen de decidir su propio destino, sus formas de gobierno, y buscar su desarrollo e independencia política, social, económica y cultural. Es la potestad de estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de equidad. Acuerdos claramente establecidos en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y resoluciones de la Asamblea General de la ONU hacen referencia a este principio de autodeterminación. Un ejemplo son las conclusiones No. 1514 y No. 1541.
Aunque la independencia es un «principio básico del Derecho Internacional Público de los pueblos, con carácter inalienable, que obliga a los Estados a cumplirlo», no está establecida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, tiene un gran peso cuando se trata de defender la justicia humana.
Por otro lado, la soberanía que tienen los pueblos para decidir sus asuntos de Estado sin intromisión internacional, basándose en el «principio de igualdad soberana», puede aceptar o no la constitución de un «Estado independiente, con libre asociación, integración en un Estado existente o la población adquirir cualquier estatuto político libremente decidido». Se manifiesta en no dejarse dominar, ni vivir bajo la explotación extranjera como país.
Ahora bien, ¿por qué esta teoría de autonomía de los pueblos? Porque, aunque estamos conscientes de que el cambio en Venezuela es ineludible, que no es, ni será la misma desde el pasado 28 de julio, tiene derecho a agenciarse su propia determinación. Admiro y respeto los discursos y teorías planteadas por los que observan desde fuera, pero ya es hora de dejar a Venezuela en paz y no interferir en esta decisión que únicamente les corresponde.
Todos tenemos derecho a tener pensamiento político y no ser reprimidos por nuestras ideas, como hacen los gobiernos autoritarios.
Es cierto que Nicolás Maduro ha cometido y sigue cometiendo errores, pero las mentiras y manipulaciones no le devolverán a los venezolanos su país, su libertad social, política y económica, ni mucho menos los librarán de la violencia y represión que impone ese gobierno impopular.
Concuerdo en que esta es una lucha del pueblo de Venezuela, y el compromiso de la comunidad internacional es ayudar, no estorbar la soberanía que tienen los pueblos, contemplada en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y resoluciones de la ONU.
Es cierto que ese pueblo está cansado del régimen empobrecedor, violento y destructor de paz y bienestar. Vivieron unas elecciones antidemocráticas, impopulares y sin observación independiente. Sin embargo, para tener armonía y buena convivencia, se debe respetar la forma de pensar, dentro del marco legal, de cada persona, pueblo y gobierno. El derecho a elegir y ser elegido es un principio democrático que defendemos con sangre.
Las ideas deben respetarse, sean de derecha o de izquierda, siempre que estén en el marco de la ley.
Ante este conflicto político, el presidente pretende imponerse a la fuerza, sin respetar el derecho expresado en las urnas. Considero que este conflicto debe ser resuelto por su propia gente, sin injerencia de ningún poder extranjero que pretenda interferir de forma manipuladora, mostrándose solidario y vendiendo la idea de que busca únicamente la paz y el bienestar de los venezolanos, cuando en realidad buscan proteger sus inversiones económicas provechosas y jugosas en ese país.
La solución al conflicto es el diálogo como herramienta democrática y moderna, y que el gobierno deje a un lado la violencia, un método dictatorial e impopular, empleado por mandatarios títeres y serviles.
Maduro y la Comisión Nacional Electoral, al publicar los resultados, precisaron que el 51% de los votos fue para él, mientras que la oposición apenas alcanzó el 44%. De ser así, deberían publicar las actas de votación para terminar con este show mediático, que tiene entretenida a la comunidad internacional opinando y planteando soluciones mágicas, mientras un pueblo se consume en miseria, hambre, violencia y muerte.
Finalmente, la situación no debe ser enfrentada con la intervención de ninguna fuerza militar, ni de esta ni de otra nación. La vía de solución debe ser interna, basada en el diálogo y la concertación. Tampoco procede imponer a una persona que no ganó las elecciones y que usó trampas y métodos represivos en contra de la voluntad popular. Deduzco que, por encima de sus pretensiones, Maduro debe anteponer la decisión de su pueblo, que pide insistentemente a gritos: ¡No más Maduro! ¡Viva Venezuela libre, independiente y soberana!

