
Claudia
Share This Article
Es oportuno celebrar el triunfo de la semana pasada de Claudia Sheinbaum, quien se convertirá en octubre en la primera presidenta de México en 200 años de independencia. Lo oportuno es celebrar con cautela la continuación del gobierno del presidente López Obrador, pero bajo la batuta de su discípula, a la sazón, gobernadora de Ciudad de México. Ganó con un 59% de los votos y con distancia de sus contrincantes.
La victoria de Sheinbaum, candidata izquierdista del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) es indiscutible y uno de sus retos será en la medida de lo posible desmarcarse de la sombra de su mentor, que ha marcado con su presencia cada uno de los días, de su sexenio presidencial. Todo este fenómeno no solo se queda a nivel presidencial, sino que aún más importante que el margen de victoria de la doctora Sheinbaum son los resultados en el Congreso.
Según los resultados parciales, Morena y sus aliados del Partido Verde y el Partido de los Trabajadores lograron la anhelada mayoría cualificada que les permite pasar una serie de reformas constitucionales claves para la llamada «cuarta transformación», un proyecto de cambio político y social que López Obrador incluso equipara con la independencia y la revolución mexicana. También la capital de país dio un amplio triunfo a otra mujer, la candidata de izquierda, Clara Brugada, con un 51.9% superior a sus contrincantes.
En su más reciente artículo publicado en El País, el escritor Jorge Zepeda Patterson manifestó: «La responsabilidad de Claudia es descomunal. Ser mujer parecería la menor de las dificultades y no es poca cosa en un país de tan arraigada misoginia como el nuestro. Los votantes están convencidos de que México necesita una alternancia de género y lo demuestra el hecho de que dos mujeres terminaron disputándose la presidencia.
Habrá que ver si los poderes fácticos, encabezados por hombres, coinciden con los ciudadanos. Su gestión como responsable de Ciudad de México ofrece claras muestras de lo que podemos esperar de su presidencia: laboriosidad calvinista, rigor científico en la aproximación a los problemas, seguimiento puntilloso de los programas, proceso de prueba y ajuste incesante».
No obstante, la popularidad del presidente, que conserva una valoración del 60% al final de su mandato, ha aupado los resultados en favor de su candidata. Además de sus políticas sociales. Millones de familias han mejorado en los últimos seis años sus condiciones económicas por subidas en las pensiones de jubilación, becas para los estudiantes, ayudas a la discapacidad y un salario mínimo que se han incrementado como promedio un 20% anual, muy por encima del IPC, algo nunca visto en anteriores administraciones.
Esta bonanza económica ha ganado la partida a la preocupación por la violencia que atraviesa el país con más de 30,000 asesinatos anuales, donde también el 90% de los feminicidios y violaciones quedan impunes. Eso precisamente, es de los mayores retos que enfrentará la nueva presidenta. Una violencia atroz de todo tipo que sume a la ciudadanía en un hartazgo e impotencia, a pesar de esa cierta mejoría económica. Sumado por supuesto al reto de la inmigración ilegal, la frontera con los Estados Unidos y por supuesto, el narcotráfico y cárteles.
México se ha convertido en el principal exportador a EEUU, su gran socio comercial. La deslocalización de empresas desde el gigante al norte del río Bravo hasta territorio mexicano augura, además, una lluvia de empleos.
Otro asunto a señalar a raíz del triunfo de Sheinbaum, es que los grandes medios de comunicación de la oposición, así como los mercados financieros, alertaron sobre el supuesto peligro para el Estado de derecho si Morena controla la presidencia y el Congreso. El peso mexicano y la bolsa cayeron al recibir la noticia de la victoria de la candidata de Morena. Pero ésta doctora en Física y experta en cambio climático, dijo «actuaremos apegados al as leyes y al derecho. Somos demócratas y por convicción nunca haríamos un gobierno autoritario».

