
Creerle al presidente
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Probablemente, para los millones de dominicanos que escucharon el discurso pronunciado por el reelecto presidente Luis Abinader tras su victoria, lo más destacado fue su vehemente anuncio de que no se postulará para la reelección.
“Esta victoria electoral, en mi caso, es la última, porque respetaré los límites de la Constitución en los términos de la reelección. ¡No volveré a ser candidato! Es mi palabra, es mi compromiso y será parte de mi legado a la República Dominicana”, es un fragmento del discurso que quedará para la historia política dominicana.
Acostumbrados a expresiones similares de otros líderes del pasado reciente, como Joaquín Balaguer, que luego terminaban “sacrificándose” por el país, es lógico que analistas y ciudadanos no otorguen todo el crédito a la intención manifestada por el presidente Abinader.
Soy de los que opinan que al presidente hay que creerle. Hacerlo es contribuir al fortalecimiento de nuestra democracia. Pero, sobre todo, tomarle la palabra es contribuir a que algunos a su alrededor desistan eventualmente de querer convencer al líder del Partido Revolucionario Moderno de embarcarse en la aventura de permanecer en el poder.
Abinader ha mostrado niveles de madurez política que, cuatro años atrás, posiblemente habrían sido puestos en duda. Lo cierto es que su anuncio, en el momento en que aún se contaban los votos que le dieron la contundente victoria, es un acto de mucha responsabilidad y, sobre todo, un aporte extraordinario al fortalecimiento institucional de nuestro país.

