
El efecto María Corina Machado
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Las elecciones presidenciales en Venezuela están en su mayor nivel de enfrentamiento, con un movimiento de oposición desafiante al régimen de Nicolás Maduro, un hombre fuerte que ha gobernado ese país con mano dura desde la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013. Maduro ha dejado claro que pretende seguir en el poder y ha advertido que, de no ser reelegido, la población podría enfrentar un «baño de sangre».
La campaña opositora recibe amplio respaldo de los distintos sectores de la población, y cada día aumenta el número de seguidores. La candidatura de Edmundo González Urrutia recibe un apoyo significativo no solo de los venezolanos, sino también de la comunidad internacional. La realidad es que la ciudadanía está unida en su deseo de sacar del poder al gobierno de Nicolás Maduro, quien enfrenta su momento electoral más difícil en su historia política.
Varias firmas encuestadoras privadas dan como favorito al candidato opositor González Urrutia, con más de 20 puntos de ventaja sobre el presidente Nicolás Maduro, a pocos días de las elecciones que se llevarán a cabo el domingo 28 de julio. Delphos le otorga un 59.1% de los votos y un 24.6% al chavismo. Por su parte, Poder y Estrategia y ClearPath Strategies le confieren sólidas ventajas de 43 y 26 puntos respectivamente al actual mandatario.
A lo largo de los años, muchos factores han impedido derrotar al chavismo, que llegó al poder el 2 de febrero de 1999 con Hugo Chávez y pasó a Maduro tras su muerte en 2013. Entre estos factores podemos citar la falta de unidad, estrategias inconsistentes, represión gubernamental, desconfianza, carencia de credibilidad, interferencia externa, problemas económicos y sociales, y manipulación electoral. Estos aspectos favorecieron la continuidad del chavismo. La discrepancia entre los partidos políticos y sus actuaciones marcadas por divisiones internas y líderes incapaces de unirse en una estrategia común debilitó su capacidad de presentar un frente impenetrable contra el gobierno intolerante de Maduro.
La presente coyuntura luce diferente, en especial por la participación decidida de la exdiputada María Corina Machado, quien, a pesar de ser objeto de represión por parte del gobierno de Maduro, inhabilitaciones políticas y amenazas, no ha limitado su presencia en el escenario político, extrapolando su liderazgo a las aspiraciones opositoras. Este es un componente determinante en el actual proceso electoral.
El endoso de Machado a la carrera presidencial de González Urrutia ha aportado en múltiples formas, fortaleciendo su candidatura, otorgando legitimidad y robusteciendo las aspiraciones del opositor, dado su reconocimiento y credibilidad entre un sector importante de la oposición. Su apoyo puede atraer a votantes que confían en su juicio y comparten su visión.
Asimismo, pese a que la oposición venezolana está fragmentada, el apoyo de Machado unifica a facciones antagónicas. Esta decisión es vista como un esfuerzo importante por consolidar fuerzas y presentar un frente unido contra el régimen de Maduro.
Al ser Machado una figura mediáticamente visible, con un perfil internacional, su respaldo a González aumenta su visibilidad mediática, cobertura y presencia en redes sociales, atrayendo la atención pública y el apoyo de actores internacionales que ejercen presión sobre el régimen y pueden brindar respaldo diplomático y financiero a la oposición. Este escenario es propicio para desarrollar su mensaje y propuesta de gobierno.
Otros aspectos importantes son la base de seguidores comprometidos con ella, su determinación y postura intransigente contra el régimen, que inspiran a otros a seguir luchando por un cambio político en Venezuela. Esto infunde un mensaje de esperanza y resistencia entre los opositores, traduciéndose en una mayor movilización y activismo en favor del candidato opositor.
Al margen del apoyo de Machado y la represalia del régimen chavista, el panorama electoral podría dar un buen giro. Una victoria de la oposición democrática de González sería un acontecimiento histórico. Venezuela requiere un cambio. Definitivamente, esta definición de estrategia política aplicada con coherencia y determinación es vista de forma positiva y es interpretada como una alineación valiosa y compartida de cómo enfrentar al régimen chavista.
Ahora bien, una cosa son los sondeos, mediciones y la unidad que encabeza González. Lo que tendrá al mundo expectante será el accionar del régimen chavista si la oposición logra la victoria electoral para encaminar el país hacia los gobiernos democráticos de la región y estrechar lazos con organizaciones multilaterales. ¿Entregará el poder o se producirá un «baño de sangre», como amenazó Maduro?

